Come to me

lunes, 21 de junio de 2010

Amor no correspondido

Simpática. Solo eso dije cuando me preguntaron por ti. No tarde más que tan solo dos copas de Champagne en ampliar mi opinión sobre ti.
¿Serían los efectos del alcohol? Solo el amanecer me delataría. Al compas de las agujas del reloj avanzaba nuestro dialogo, y mi concepto de ti aumento su nivel emotivo a eres linda... Luego de que las agujas tic-taquearan mas de ciento noventa veces, ya te sentía como una amiga. Difícil de conseguir. Fácil de perder. Sin darme cuenta no bebí mas de mi copa, la tuya al vaciarse se llenaba; una y otra y otra vez, por la continuidad de la noche.
Brindamos, reímos y nos comprendíamos con la mirada antes de lo que esperé.
El amanecer nos encuentra sobre un sofá del sitio, ya tibio por el tiempo que llevábamos sentados.
Los rayos del Sol entraban por las hendijas de la persiana del edificio.
Sin notarlo, nunca callamos. Hablamos más de lo que imaginé. Sentía atracción por ti; y podía percibir ese deseo que irradiaban tus ojos por momentos. Sin importarnos el resto de las personas alrededor, te tomé del brazo delicado y sin despedirnos de nadie te aleje del bullicioso silencio. Al descender por las escaleras intentaste besarme. Te respondí con una mirada que provocó tu asombro; y cuando intentaste soltarte ya era tarde. Estabas en mis brazos. Tu respirar de pasión había cambiado por el de duda y temor. Mis suaves caricias se convirtieron en duras y frías armas.
Tu corazón latía fuerte por el miedo a lo que desconocías.
¿Te violaría? ¿Te estaría bromeando? No. Y antes de que implantes mas dudas de las cuales yo era consciente, pase mi lengua por tu cuello mientras tus manos forcejeaban, para librar tu frágil cuerpo de mí. Obviamente sin éxito. Fue entonces cuando mis manos decidieron acariciar tu pelo, y al sonreírte comenzaste a llorar.
No, no quiero que llores. Perdón. Comenzaste a desvanecerte y para no perderte de entre mis brazos te apreté. Te apretaba y tu corazón se aceleraba. Ya no caías, ¡te estaba salvando! podía distinguir tu llanto de tus palabras ahogadas; por favor decías; y no te dejé caer. Te apreté tan fuerte que tu llanto cesó. No quería soltarte. Me quedé hasta el último latido de tu corazón atemorizado. Cuando el último suspiro salió de tu cuerpo, te solté. y ahí me quedé. Sentado y acariciando tu pelo. Esperando a que anocheciera, consciente de faltaban horas para eso. Porque yo sé que el amanecer estaba esperándome fuera para delatarme.

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